“El adolecente y la
calle”
Aprender
a andar solo por la calle es un paso muy importante en el camino hacia la independencia. Padres e hijos suelen sentir
temores ante los riesgos que implica este aprendizaje.
Al comenzar la pubertad los jóvenes ya circulan solos.
Toman colectivos, van al colegio, salen con amigos; ya no dependen de sus
padres para trasladarse.
Esta independencia no se conquista de un día para el
otro. En realidad se trata de un aprendizaje que comenzó como un juego varios
años atrás, haciendo pequeños mandados o
visitando a un compañero. Y poco a poco el juego se transforma en hábito.
En esta etapa los chicos gozan de mayor libertad que
antes, pero también deben enfrentar
nuevos riesgos.
Es frecuente que las primeras salidas se hagan en grupo.
El temor que se siente al afrontar situaciones nuevas se atenúa con la compañía
de los amigos.
El mismo miedo también lo experimentan los padres. Hasta
este momento llevaban y traían siempre a los niños y ahora deben ubicarse en
una situación más igualitaria, en la que todos los integrantes de la familia se
manejan por su cuenta y pueden prescindir de los demás.
Aunque, por un lado, los padres se sienten aliviados al
tener más tiempo libre, por el otro se preocupan por los peligros que pueden correr los jóvenes en
la calle sobre todo en las grandes ciudades donde la violencia social va en
aumento. Sin embargo, la protección que se brinda a los hijos no puede
prolongarse indefinidamente.
Es inevitable que corran riesgos y aprendan a encontrar salida
a las situaciones difíciles que deban enfrentar.
Los padres podrán tranquilizarse si comprenden que
durante toda la infancia sus hijos han adquirido, en la familia y en otras
instituciones, normas y pautas de comportamiento que les servirán en esta nueva
etapa. Deben confiar en que los jóvenes son capaces, en buena medida, de
reconocer el peligro y también de diferenciar las conductas correctas de las
que no lo son.
El papel de los padres en este tramo del crecimiento de
sus hijos consiste en favorecer la paulatina independencia sin dejar de
supervisar las situaciones que lo requieran.



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